domingo, 2 de octubre de 2011

Teoría Número 2: "La política es una Ciencia Utópica"

Puede que a muchos les parezca la contradicción más grande del mundo que una estudiante de leyes describa a la política como una ciencia utópica, pero si me dan la oportunidad de exponer las razones por las cuales me he formado esta línea de pensamiento, talvéz puedan convencerse de que no estoy del todo equivocada.
En principio, se supone que la Política tiene como finalidad lograr la justicia y el bien común dentro de una sociedad, pero ¿en qué medida la política y sus esfuerzos a lo largo de la historia han dado como resultado una verdadera manifestación de la justicia?
Hace muchos siglos, Aristóteles describió a la justicia como “la virtud por excelencia” ya que sostenía que en ella se encuentran contenidas todas las demás virtudes; en mi opinión, Aristóteles tenía razón en cierta manera, pero también me lleva a pensar que la justicia es una cualidad demasiado perfecta como para que pueda ser adquirida espontáneamente por un ser humano  que sabemos que es egoísta por naturaleza y que en la mayoría de los casos (si no es que siempre) decidirá lo que mejor satisfaga sus intereses ¿No les parece?
Tomemos como parámetro a la ley. La ley es un medio que en teoría se utiliza para impartir justicia, pero es importante tomar en cuenta que las leyes se acoplan a lo que la sociedad considera correcto y necesario y en nuestra supuesta búsqueda de la justicia tendemos a irnos a los extremos; creamos leyes demasiado represivas o demasiado liberales y de una forma u otra siempre terminamos vulnerando derechos de terceras personas porque somos incapaces de encontrar ese punto intermedio de equilibrio que conlleve a un  bienestar para todos, es por ello que con dolor y humildad reconozco que es imposible para nosotros (dentro de nuestras capacidades humanas) llegar a crear leyes justas razón por la cual no habrá jamás tal cosa como un estado político perfecto.
Un par de semanas atrás, escuchaba a una cátedra sobre derechos humanos y la ponente nos manifestaba que: la justicia es sinónimo de racionalidad ya que ninguna acción irracional puede ser justa. Nos explicaba (intentando plasmarlo en pocas palabras) que a pesar de que existe una justicia divina esta sería una realidad inaceptable para un ateo y que por ese motivo se acude a la razón como principio universal. Si bien entiendo los motivos que generaron esta línea de pensamiento, debo decir que no los comparto y distinguiré dos puntos importantes al respecto: en primer lugar, al pensar de esta manera estaríamos viendo a la justicia como algo meramente relativo porque lo que para unos es considerado como un acto “racional” puede que para otros no lo sea y si la justicia está en función de intereses comunes no podría, en este caso, ser sinónimo de racionalidad. En segundo lugar, el verdadero principio universal es Dios porque Él es absoluto, no es relativo ni cambiante y poner una mera relatividad por encima de la verdad absoluta es realmente un disparate de proporciones mayúsculas.
Estoy de acuerdo en que no puede haber una Cristianización total del estado, pero es solamente por una razón: No se trata de imponer o coaccionar a la gente a aceptar a Jesús como su salvador ni a relacionarse con Él, eso es algo que debe florecer independientemente en el corazón de cada quien en su debido momento y a su propio ritmo; sin embargo, sí creo q el estado podría tomar parte en dar a conocer a Jesús a la gente al promover actividades como la lectura de la biblia que es la mejor manera de comprender y conocer el mensaje de salvación.
No pretendo de ninguna manera satanizar a la política y a las leyes, estoy conciente que toda sociedad requiere de parámetros y normas de convivencia  ya que sin ellas caeríamos en la anarquía y por ende los necesitamos para mantener un orden, pero entendamos que una sociedad ordenada no necesariamente es una sociedad justa o equitativa y es allí precisamente donde radica el carácter utópico de la política. La norma se cumple debido a la coerción que ejerce el estado respecto de ella, pero el hecho de acatar una ley no significa que esta represente lo mejor para los intereses comunes.
Debemos comprender que el papel de “juzgar”, es decir, de administrar justicia como tal, no nos corresponde a nosotros sino que corresponde únicamente a nuestro señor Jesús y él lo hará bajo sus propios términos en el momento que Él crea conveniente y mientras tanto, en lo que a nosotros concierne, todos estamos en igualdad de condición ya que todos fuimos puestos en este planeta por obra de un mismo creador que nos ama a todos por igual y esto debería ser criterio suficiente para tratar a TODOS sin distinción con la dignidad y el respeto que se merecen; para nosotros no puede haber ninguno que merezca menos y ninguno que merezca más independientemente de sus acciones ya que si ha obrado de mala manera rendirá cuentas a Dios cuando llegue el momento y si ha obrado bien será también Dios quien se encargará de recompensarle.
¿Puede el ser humano llegar a actuar de manera justa? Sí, pero en la medida en que Dios lo faculte para ello ya que por sí mismo difícilmente podría llegar hasta ese punto, razón por la cual es muy importante antes de tomar cualquier decisión trascendental pedirle a Él que te guíe en tu decisión y que te otorgue la sabiduría para actuar de la manera correcta. Aprendamos a ser instrumentos del señor, a poner nuestra vida, nuestras fuerzas y nuestra voluntad en sus manos para que sea Él quien nos lleve por el camino del bien, de la verdad y de la justicia. Seamos humildes y tengamos la paciencia para esperar en el señor, porque al lograr esto conseguiremos finalmente la paz que tanto hemos anhelado.
En este mundo regido por los hombres es imposible encontrar ese punto de equilibrio que nos lleve a la paz y al bien común porque, a pesar del carácter cambiante que tiene nuestra sociedad, todos pensamos y sentimos de manera diferente y nunca habrá una ideología que abarque y satisfaga el pensamiento de todos lo cual genera fricción no solo entre individuos sino también entre estados y hay poco o nada que la política pueda hacer al respecto; si hay algo que la historia nos ha enseñado es, que la paz que se consigue con revoluciones o con alianzas políticas es pasajera y no dura mucho, pero la paz que nos ofrece el señor nos garantiza tranquilidad en medio de la tempestad más grande si solo aprendemos a confiar absolutamente en Él y en su infinita misericordia.
He decidido que quiero ser abogada, pero no para luchar en  favor de las leyes de este mundo sino en favor de las únicas que pueden ser verdadera y absolutamente justas: las de nuestro señor Jesucristo porque mi fe no está en la política MI FE ESTÁ EN DIOS.

2 comentarios:

  1. Wow me encanta cómo escribís y lo qué escribís sólo puedo decir que Im glad que penses de esa manera y sería super chivo que nos sentaramos a platicar algún día =)
    saludos desde la clandestinidad =)

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  2. Con tus Palabras... Pareciera que Solo existe una política capaz de llenarlo todo "TEOCRACIA"... La justicia verdadera regido por el único que es absolutamente justo. Muy Buena entrada.

    F: DCastillo

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