martes, 26 de octubre de 2010

Teoría número 1: Marx tenía razón.

Hace muchos años Karl Marx definió a la religión como “el opio de los pueblos” pues, sin ánimo de ofender a nadie, yo opino que desde cierta perspectiva Marx estaba en lo correcto ¿Por qué? Pues simple y sencillamente porque el fin de la religión NO ES DIOS si no el ser humano mismo, no nos enseña a dejar que Dios obre a través de nosotros si no que nos enseña a obrar por nuestra propia mano ¿Cómo no habría de ser así si las religiones están lideradas por el hombre? El hombre es imperfecto por naturaleza, es corrompible y narcisista por ende es inevitable que exista un grado de manipulación ya sea leve o grave dando como resultado en la mayoría de los casos, palabras huecas en corazones adulterados por la voz del hombre que no permite escuchar la voz de Dios; razón por la cual sostengo (a pesar de la controversia que puedan provocar mis palabras en algunos) que la religión es un orden jerárquico en el cual el líder instruye y guía a sus “ovejas” por el sendero popularmente aceptado como correcto sin darles oportunidad de reflexionar y formarse una criterio propio, ahora bien, la responsabilidad de dicho fenómeno no recae únicamente sobre los líderes religiosos sino también sobre todos los que preferimos cómodamente guardar silencio y dejar que alguien más piense, hable y decida por nosotros. La verdad es que somos tan idólatras que llegamos a olvidar que estas personas son seres humanos al igual que nosotros y que tienen la misma susceptibilidad a equivocarse, creemos que por estar en su posición de líderes hacen solo lo correcto y que jamás serían capaces de caer en un pecado ¿Qué obtenemos como consecuencia de esto? Líderes obligados a mantener una careta de falsa rectitud para proteger su virtuosa imagen de dirigentes y feligreses con temor a ser juzgados por equivocarse en un ambiente regido por las apariencias y el “¿qué dirán?” ¿No les parece una ironía de proporciones mayúsculas estar envueltos en una red de mentiras tejida por nosotros mismos? ¿Cómo podemos entender verdaderamente el amor de Dios en medio de un ambiente de falsedad? ¿Cómo entablar una amistar verdadera con alguien si te niegas a mostrar tu verdadero yo?

 En ocasiones decimos (de manera errónea) que acudimos a la iglesia para relacionarnos con Dios, la verdad es que la iglesia NO CREA una relación con Dios, la relación la creó Él desde el mismo instante en que te pensó y luego te amó tanto que te dio vida y te trajo al mundo, desde entonces ha estado a tu lado cuidando cada uno de tus movimientos, llorando junto a ti en tus tropiezos y gozando al ver tus alegrías esperando pacientemente el momento en que decidas acercarte a Él sin necesidad de intermediarios. “Religión” o “Iglesia” no equivalen a SALVACIÓN; son medios, pero no son el fin, la salvación viene de Dios únicamente.

En lo personal puedo decir que ha habido ocasiones en las que he puesto en tela de juicio no la existencia de Dios, sino la existencia de Dios dentro de mi corazón (no por Él si no por mí). Estoy segura completamente de que Dios existe y que el simple hecho de que respire es testimonio de eso, pero a veces no sé si eso es la  concepción que yo me he formado o simplemente algo que me han inculcado desde que nací ¿Cómo puedo estar tan segura de algo y no saber como? Talvéz esto significa que es necesario cierto grado de influencia por parte de los demás para llegar a conocer de determinado tema, pero también es necesario llegar al punto de cuestionarnos a nosotros mismos  respecto a ello para poder sacar nuestras propias conclusiones y formarnos nuestros propios ideales en lugar de entregarnos de lleno a defender los de alguien más. Por el instante he decidido dejar la puerta abierta y esperar que Dios hable y sé que cuando sea el momento indicado tendré las respuestas que estoy buscando.



Probablemente muchos querrán quemarme en la hoguera por mi forma “subversiva” de pensar, otros posiblemente se sientan identificados con algo de lo que he querido plasmar aquí y algunos más quizá ni siquiera le den la menor importancia; sea cual sea el caso te invito a que busques dentro de corazón y encuentres tu propia razón para levantarte en la mañana, ese impulso que te dé  ánimos para seguir viviendo día con día con la cabeza en alto y una sonrisa en la cara sin importar los momentos difíciles. Yo estoy en busca de la mía.

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