Los seres humanos somos entes muy enigmáticos, a diferencia de los animales se nos ha sido otorgada la capacidad de raciocinio, pero ¿qué tan seguido hacemos realmente uso de nuestra “exclusiva” cualidad? Desde antes de nacer somos definidos dentro de la sociedad por un conjunto de etiquetas pre-concebidas que no tenemos oportunidad de escoger como: sexo, raza, estrato social, religión, etc. A medida que crecemos vamos encajando poco a poco en cada una de las etiquetas que el mundo ha escogido para nosotros porque aunque nos neguemos a reconocerlo somos seres dependientes en busca de normas que nos rijan.
Siempre he creído que los seres humanos somos criaturas fácilmente influenciables, hace un par de días alguien me explicó que esto se debe a que todos subconscientemente tenemos la necesidad de darle un sentido nuestra vida, algo que nos impulse a luchar e incluso morir por su causa de ser necesario; basándonos en este supuesto podríamos decir entonces que lo único que se necesita para controlar a una masa de gente es tener un poco de labia ¿no les parece? Si “el creer en algo” es un aspecto inherente al ser humano ¿qué tan peligrosa podría resultar esa cualidad para sí mismo al no ser enfocada de la manera correcta? Charles Manson fue líder de una secta y autor intelectual de múltiples asesinatos entre las décadas de los 60’s y los 80’s uno de los aspectos más llamativos de este caso en particular es que a pesar de estar cumpliendo una sentencia de cadena perpetua por actos cometidos por su “agrupación” él nunca mató a nadie con sus propias manos sino que simplemente influenció e incitó a hombres y mujeres a que lo hicieran ¡Y es que existen tantas maneras de influenciar a una persona! no solo a través de las palabras sino a través de cosas tan aparentemente inofensivas como la tecnología o la música.
Es risible como la mayoría nos jactamos de tener un carácter rebelde e indomable dispuesto a luchar por lo que creemos cuándo la mayor parte del tiempo ni siquiera nos tomamos el trabajo de formarnos concepciones y fines auténticos. Somos idealistas sin ideales propios dispuestos a adoptar los criterios de alguien más como nuestros sin tomarnos la molestia de reflexionar y asimilar los aspectos tanto positivos como negativos de ese pensamiento que defendemos tan celosamente.
Los dos pilares más grandes que sostienen el ordenamiento en el que vivimos actualmente son: la Política y la Religión, han existido prácticamente desde que existe el hombre (precisamente para satisfacer sus necesidades de “creer en algo” y “de tener reglas que lo regulen” que mencionábamos con anterioridad) ambos pilares tienen numerosas ramas y corrientes de pensamiento así que cada ser es “libre” de adoptar la que mejor le parezca ¿Pero qué sucede cuando finalmente nos detenemos a analizar la ideología que hemos adoptado como propia? Al observar la sociedad de la que somos parte me surgen ciertas interrogantes, es por ello que he decido formular mis propias teorías al respecto. No pretendo en ningún momento hacer que pienses igual que yo, pero si te reto a que te tomes un momento para examinar detenidamente el ambiente que te rodea y saques tus propias conjeturas en relación a ello.
Increible... estoy dispuesto a detenerme a pensar en todo lo que acabas de decir...
ResponderEliminarinteresantes reflexiones.
ResponderEliminar